06
Feb
09

preguntas frecuentes

¿Qué es musicapopular.cl?

musicapopular.cl es una enciclopedia online con información exclusiva sobre música chilena, realizada por un equipo de periodistas y diseñadores. Comenzó a prepararse en el año 2004 y tuvo su apertura oficial en abril de 2006. La base del sitio consiste en biografías sobre músicos —autores, compositores, cantantes, instrumentistas, grupos— que han trabajado en Chile. Además contiene noticias e información sobre publicaciones relacionadas (discos, libros, sitios web) y los principales sellos a cargo de la producción y distribución discográfica.

¿Qué géneros y períodos cubre?

Tal como lo indica su nombre, el sitio intenta cubrir el espectro amplio que puede ampararse bajo el concepto de “música popular”, siempre y cuando ésta haya sido desarrollada en Chile o por músicos chilenos. Eso incluye géneros diversos, entre ellos el jazz, rock, pop, hip-hop, folclore, fusión latinoamericana y electrónica. Los primeros datos remiten a los inicios de la industria discográfica chilena en la década de los ’20, y la información está actualizada hasta nuestros días.

¿De dónde se ha obtenido la información e imágenes?

Las fuentes de musicapopular.cl son diversas: entrevistas con los propios músicos hechas por los periodistas del equipo, archivos sobre música chilena de los mismos redactores, investigación en archivos de prensa, comunicados y documentos, recopilación de datos de carátulas y discos, bibliografía sobre música chilena, imágenes promocionales proporcionadas por músicos y sellos discográficos.

¿Con qué frecuencia se actualizan los contenidos?

El sitio mantiene una actualización permanente, con el fin de registrar cada nuevo lanzamiento discográfico chileno y actividades que relevantes para los respectivos textos biográficos. Además, el área de noticias también es actualizada de manera periódica.

Más preguntas y respuestas sobre nuestro sitio aquí. Conoce nuestro trabajo, en www.musicapopular.cl.

06
Feb
09

colección pop 80s

Once títulos fundamentales del pop chileno de los años 80, nunca antes disponibles en CD. Haz click sobre las carátulas para conocer los textos preparados por el equipo de musicapopular.cl para esta reedición a cargo de EMI-Chile y el diario La Tercera.



01
Feb
09

colección bicentenario

Editar una colección con lo esencial de la música chilena del siglo XX fue lo que le propuso EMI-Chile al equipo de musicapopular.cl. El sello mantiene los valiosos archivos de la antigua casa Odeón, con grabaciones fundamentales de nuestra música que nunca se han editado en disco compacto y se mantienen como joyas de coleccionistas. La primera parte de este valioso proyecto de reediciones se editó en el segundo semestre del 2007, a partir de una selección curada por nuestro equipo, el cual también supervisó la presentación gráfica y realizó los textos de carátula a partir de entrevistas con los músicos y sus colaboradores.

La Colección Bicentenario se encuentra disponible en disquerías de todo Chile. Son 18 títulos que incluyen los siguientes CDs (haz click en las carátulas para leer los textos elaborados por musicapopular.cl):

quelentaro - coplas al viento + lonconao las cuecas de roberto parra carpa de la reina ritmos veraniegos - valentín trujillo

música para la historia de chile cuncumen millaray cuatro hermanos silva

voces de ensueño - sonia y myriam lucho y lara - lucho gatica nosotros - los huasos quincheros cuando baila mi morena - silvia infantas

canto libre - víctor jaralos tres tiempos de américa - quilapayún sol y medianoche la cueca centrina - los chileneros

31
Jan
09

Hello world!

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28
May
06

los prisioneros, la voz de los 80

Los Prisioneros
La voz de los 80

(1986)

Por Jorge Leiva
(texto de carátula para reedición en CD)

Aunque hoy muchas son clásicos de la música chilena, las canciones de la La voz de los ’80 tuvieron que ser grabadas cuatro veces antes de ser editadas en diciembre de 1984. Primero estuvo sólo Jorge González en su casa de San Miguel, con dos radiocassettes. Jorge grababa la base de la batería en una cinta, que luego reproducía al mismo tiempo que tocaba la guitarra. Todo eso quedaba registrado en la otra cassettera. Enseguida, repetía el procedimiento con el bajo, y luego con la voz. «Me acercaba o me alejaba del micrófono para regular el volumen de la mezcla», dice hoy. Fue Así que nacieron los primeras maquetas de Los Prisioneros: “La voz de los ’80”. “Brigada de negro” y “¿Quien mató a Marilyn?”.

A fines de 1983, esas canciones llegaron a manos de Carlos Fonseca, un compañero de curso de González en la Universidad de Chile. Fonseca se deslumbró, sobre todo con “La voz de los ’80”, y quiso incluirlas en un programa de fin de año que haría para radio Beethoven. Para eso organizó una segunda grabación, esta vez en su disquería de Providencia, Fusión. Se grabaron catorce canciones, pero como no quedaron bien, se hizo una nueva jornada de registro, de la cual salieron los temas para el especial radiofónico.

Pero incluso entonces Los Prisioneros no estaban satisfechos: «Los temas habían quedado muy lentos y Jorge salió deprimido de la grabación», recuerda Fonseca. La única solución era entonces entrar a un estudio profesional, y para eso, esfuerzos económicos mediante, el grupo llegó al estudio de Francisco Straub, que contaba con instalaciones empleadas con frecuencia por bandas de cumbia. Grabaron por cuarta vez las canciones de La voz de los ’80, que luego fueron mezclados en el estudio de Alejandro Lyon.

Así fue el debut de Los Prisioneros: Miguel Tapia, en batería; Claudio Narea, en guitarra; y Jorge González, en bajo y voz. A través de su flamante sello, Fusión Discos, Fonseca le encargó la carátula al diseñador gráfico Vicente Vargas (el protagonista del video “El nuevo baile”, de Emociones Clandestinas) y mandó a fabricar quinientas copias en cassette, las que ¿quiénes? distribuyeron en disquerías, una por una. Un single en vinilo, con “La voz de los ’80” por un lado y “Paramar” por el otro, fue llevado a las radios, en un esfuerzo promocional que entonces apenas consiguió unas pasadas en Galaxia y Carolina.

La lentitud de las cosas era esperable. Hacia mediados de los años 80, el rock chileno consistía en una escena marginal, de grupos especializados en covers de rock clásico que deambulaban por gimnasios de Santiago. Su historia previa a 1973, —donde hubo algunos episodios brillantes— estaba lejos de ser recordada, y Los Prisioneros debieron refundarlo un género disociado entonces de la creación local. Y para eso se nutrieron del rock y otras fuentes.

«Escuchábamos a The Clash, a The Stranglers, a los Bee Gees, pero yo pensé en otras cosas para las canciones. En “Brigada de negro” me inspiré en Miguel Bosé para hacer la voz tan baja. En “Latinoamérica…” me acordaba de una canción llamada “La buena suerte”, del grupo venezolano Las Cuatro Monedas. “Evelyn” nació de la admiración por el tema “Maniac”, de la película Flashdance. En “Paramar” estaba la poco confesable influencia de Rick Springfield. “Mentalidad televisiva” se me ocurrió a partir de la característica del Festival de Viña (Viña es un festival / música junto al mar). “Nunca quedas mal con nadie” tenía algo del tema “Pretty boys”, de Joe Jackson», ha recordado Jorge González.

La híbrida base musical tenía un solo objetivo: «Yo quería hacer temas para bailar en discotheques. Había una percepción de afuera, especialmente entre la gente a la que no le gustaba bailar, de que las letras eran las que nos movían, pero no es así», distingue el cantante, adelantado a un hecho que no ocurrió sino hasta mucho después. Porque, en sus primeros tiempos, las canciones de La voz de los ’80 apenas circularon en escenarios estudiantiles, y ahí trascendieron por sus versos. Su lúcida mirada sobre problemas sociales, la actitud decepcionada hacia el amor y la aguda ironía sobre el sexo o la militancia política fueron credenciales del primer disco del trío, que en septiembre de 1985 fue licenciado a EMI y distribuido a escala mayor.

«Pero tampoco pasó gran cosa. Hubo que esperar todavía más tiempo, hasta 1986, cuando editamos el segundo disco, Pateando piedras», recuerda Fonseca. Entonces se masificó el enorme fenómeno de Los Prisioneros. Detrás de Pateando piedras, La voz de los ’80 llegó a las radios, las discotheques y los estadios dentro y fuera de Chile. Las canciones se convirtieron en el emblema de una generación y dieron pie a que una camada de bandas hicieran rock chileno.

Habían pasado tres años desde que Jorge González grabó esas canciones para bailar con las dos cassetteras que tenía en casa. De ahí en adelante las cosas para Los Prisioneros nunca más fueron tan lentas. Pero ésa es historia conocida: completaron dos épocas y una decena de discos. Ninguno, en todo caso, como La voz de los ’80.

Septiembre de 2006.
Jorge Leiva | www.musicapopular.cl

28
May
06

upa!, upa!

Upa!
Upa!

(1986)

Por David Ponce
(texto de carátula para reedición en CD)


H
ay una postal de Santiago de Chile ’85 en una imagen de la fotógrafa Andrea Yaconi tomada ese año en la Alameda. Son cuatro tipos, de noche, de negro, de pelos cortos, con el Metro a un lado y la Torre Entel al fondo. Es Upa! en sus inicios. Y hay otra postal de la misma ciudad al año siguiente: el primer disco del grupo. Estuvo listo el 15 de octubre de 1986, y empezó a ser grabado el 2 de julio, “en una noche oscura”, como consta en los créditos de el cassette original.

Y no era una metáfora por una noche sin estrellas ni nada parecido. Es literal.

«Fue una noche de apagón», recuerda Sebastián Piga, saxofonista. «Fue un atentado a torres en la época de las protestas. Tuvimos que esperar mucho rato, y seguramente grabamos poco, porque había toque de queda. O sea, a las doce había que irse porque a la una había que estar dentro de la casa. Ése era el ambiente. Y era súper natural, era parte del acontecer».

Toque de queda y apagón son dos coordenadas claras de la misma época en que Pablo Ugarte (voz y bajo), Mario Planet (voz y guitarra), Sebastián Piga (saxo, guitarra y teclados) y Octavio Bascuñán (batería) hicieron desfilar por las radios chilenas una tras otra las canciones “Sueldos”, “Cuando vuelvas”, “La bamba” y “Fotonovelas”, salidas todas de ese mismo álbum de foto en blanco y negro, y portada amarilla. Habían alcanzado a conocer la resistencia cultural chilena previa en la Agrupación Cultural Universitaria o en el Canto Nuevo, mezclada con la audición temprana de rockeros progresivos como Yes y Genesis, y que luego mezclarían a su vez con nombres más modernos como The Police, Talking Heads, New Order o Kraftwerk.

De modo que, como casi ningún otro grupo de su tiempo, Upa! tenía dos voces y tres autores (Ugarte, Planet, Piga) a favor de su variedad, y estaba al día en diversos sonidos: new wave en la cita posmoderna a un “Rock de París” o a las “Fotonovelas”, reggae en “África” y “Las masas son gente”, dark en “La nada”, funky en “La bamba”, algo de tecno en “Pasajeros del último metro”; todo en un mismo disco debut. Lo mejor de los ’80. Estaba el gris de la música y los versos de “La nada”, pero también había fiesta en “La bamba”.

«La letra (de “La nada”) es la historia de nuestras vidas en esa época, ser parte de una juventud disidente», recuerda Ugarte. «Nosotros andábamos de negro, éramos contraculturales, no queríamos la prosperidad de la dictadura y nos echaban los guardias de azul de los locales de Plaza Italia. Sentíamos la discriminación y la represión de ser hijos del estado de sitio, marginados del proyecto de sociedad que se instalaba a punta de armas».

«”La bamba” nació de mi época más Talking Heads, tendencia afro beat», evoca Planet. «Creo que manifiesta el conflicto del momento: cómo vivir aquí y ahora en medio de un sistema que sólo nos proponía terror y opresión. Lo oscuro está expresado en la línea ‘Cuando me olvido que estoy en la tierra te miro a los ojos y vivo la guerra‘: basta mirarse a los ojos para ver que no todo se arregla bailando. Pero otra dice ‘cuando me olvido que estoy en el cielo escalo tu cuerpo y subo de nuevo‘, lo contrario: me basta el amor para ver lo bello de este mundo, dark o no».

Un logo del diseñador Francisco Fábrega y una lista de invitados rara para la época son también parte del disco, desde los teclados de Jaime Vivanco, de Fulano, y los saxos de Cristián Crisosto (Fulano) y Pedro Villagra (Santiago del Nuevo Extremo), hasta el bajo de Silvio Paredes (Electrodomésticos), los coros de María José Levine, una joven Javiera Parra (que ni siquiera apareció en los créditos) y una guitarra de Stuka, integrante de los argentinos Los Violadores.

El saxofonista recuerda hasta hoy cómo nació el mayor éxito de este disco, “Cuando vuelvas”, escrito por él en una servilleta de la pizzería Il Successo, en Plaza Italia. Los cuatro finos acordes de guitarra iniciales son suyos. La otra guitarra, más bailable, es de Mario Planet. «Es la interpretación de Robert Fripp que tiene Mario: le sale cumbia. Le sale chileno», sonríe Piga. Tan chileno como la canción final. Si en el mismo año Los Prisioneros se retrataron en un carro de Metro chileno para su segundo disco, Upa! completaron el documento con una grabación real de cómo sonaban esos carros, con sus puertas y parlantes, en “Pasajeros del último metro”.

«Les pasé una grabadora chiquitita a uno o dos de ellos y fueron al Metro a grabar», recuerda el ingeniero Hernán Rojas, productor del disco y autor de la idea. El título es el mismo de la película francesa protagonizada por Catherine Deneuve que luego sería exhibida en el cine Normandie, a pasos de la propia Plaza Italia, sin ir más lejos. Pero la canción es chilena y real.

«Porque era algo que vivíamos. Coincide con la película», dice Piga, «pero nosotros éramos literalmente pasajeros del último metro: era el último o no había modo de volver».

Septiembre de 2006.
David Ponce | www.musicapopular.cl

28
May
06

viena, viena

Viena
Viena

(1986)

Por David Ponce
(texto de carátula para reedición en CD)


U
na batería exacta y marcada. Cuatro notas en el bajo. Un solo acorde de guitarra disparado en el momento preciso. Ése, simple y concentrado, fue el sonido que irrumpió en las radios chilenas que tocaban música pop en 1986, cuando Viena puso a sonar su “Salón de emociones”, con la modulación de un cantante que, como además decía con claridad otra de estas canciones, venía de otro planeta.

Viena venía al menos vestido, peinado y maquillado de otro planeta. Para entonces nadie como Claudio Millán (voz y teclados), Pedro Frugone (guitarra), Archie Frugone (bajo) y Francisco Koch (batería) se había aproximado con verdadera decisión al aspecto de grupos de la facción más sofisticada (por artificiosa más que por “moderna”) de la nueva ola pop inglesa, conocida como new romantic por nombres como Duran Duran, Kaja Goo Goo, A Flock of Seagulls o, por acá, Soda Stereo, embajadores argentinos de la tendencia.

«La imagen era fundamental desde el comienzo. Pero nada era diseñado. Todo era de busquilla de cada uno. Éramos los clientes número uno de la ropa usada, norteamericana o europea que venía», recuerda Millán, a propósito de una pintas que hasta sirvieron para escandalizar en el programa “Martes 13” de la época. «Seguíamos esa actitud de David Bowie de querer alejarse un poco del público. Con maquillaje y ropa escénica haces más inalcanzable, más mágico, lo que estás viendo allá adelante».

Y el sonido también era distinto. Ya era popular el ska callejero de los primeros Prisioneros, ya eran familiares el tecnopop hecho a mano de Aparato Raro, la new wave de barrio de Banda 69, y otras recetas probadas por Cinema o Engrupo en la época de los pantalones amasados y el llamado “rock latino”. Pero el pop chileno de los ’80 nunca sonó tan estilizado como en poder de Viena, bajo el influjo de Bryan Ferry, David Bowie, Japan, The Cure, The Fixx o Talk Talk, e incluidos los cuatro éxitos seguidos de su primer disco: “Salón de emociones”, “Niña engreída”, “Enciende tu corazón” y “Planeta Tierra”.

«Por su musicalidad, por cómo tocaban, porque estaban muy abiertos también a un montón de cosas, creo que uno de los trabajos más fluidos, potentes y jugados de la época fue con Viena. Fue un trabajo muy cooperativo. Todos tenían gran personalidad. Todos eran potentes», recuerda el ingeniero Hernán Rojas, productor del disco. El grupo se había formado en el verano de 1986, al regreso de Claudio Millán de una temporada en Argentina. Tras un aventurero debut en vivo en Calama junto a Pepe Aranda y los Rockmánticos (banda en la que Millán también tocaba), recorrieron sitios de Santiago como El Jardín, La Nona Jazz y diversos festivales de colegio. Viena apareció hacia fines de 1986, según el recuerdo del cantante.

Una de las primeras canciones del disco es “Niña engreída”, inspirada en Peter Gabriel, y originalmente dedicada a una “Rubia teñida” antes de que Millán cambiara la letra. Los redobles de alta precisión e imaginación de Francisco Koch se suceden en “Salón de emociones” y “Enciende tu corazón”. Más sabor hay en la contagiosa “No es un pasatiempo”, que, subtitulada “funky” y armada entre bajo y batería por Archie Frugone y Koch, se inscribe en un sonido que por entonces cruzaba desde Silvio Paredes (bajista de Electrodomésticos) a Luciano Rojas (bajista de la Banda del Pequeño Vicio), funky y percutido. “Verde sobre gris” se oye ambiental y sugerente en la guitarra de Pedro Frugone, y el lado futurista de Viena está en “Planeta Tierra”, “Mañana viviremos en la luna” y “El computador”, donde Claudio Millán anuncia “Voy a comprar un computador / para ordenar mis citas con las chicas“. En una época en la que con suerte recuerda haber tenido un Atari.

Pirincho Cárcamo explicó una vez en su programa en radio Galaxia el supuesto origen del nombre de Viena: todos quienes oían al grupo exclamaban “Bien, ¿ah?”, de acuerdo con esa versión. Hoy, con el tiempo, Claudio Millán puede decir que ése fue un mero invento que echó a correr en la época. La explicación, dice, es otra.

«Conseguimos un piano que habíamos puesto en la sala de ensayo en la casa de los Frugone. Y este piano estaba hecho en Viena. Entonces yo practicaba y me quedaba mirando el nombre», recuerda. «Cuando me lo imaginé lo primero que se me vino a la cabeza fue un grupo de música selecta, con violines, cellos, y me gustó porque rompía el esquema. Todas las bandas chilenas tenían nombres bajo el mismo concepto de fantasía: Aterrizaje Forzoso, Valija Diplomática, Cinema. Y me gustó Viena porque no tenía nada que ver».

Septiembre de 2006.
David Ponce | www.musicapopular.cl




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