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28
May
06

aterrizaje forzoso, aterrizaje forzoso

Aterrizaje Forzoso
Aterrizaje forzoso

(1986)

Por David Ponce
(texto de carátula para reedición en CD)

De los cuatro músicos de Aterrizaje Forzoso, el más próximo a Santiago había nacido en un pueblo minero cercano a Rancagua, en la sexta región. Eran Germán Céspedes (voz y bajo), oriundo de Coya; los hermanos Jaime (voz, guitarra y teclados) y Fernando Fainberg (batería), nativos de Valdivia; y Rodrigo Leiva (guitarra), nacido en Punta Arenas. Aterrizaron en la capital a comienzos de 1986 y ganaron su tajada del “rock latino” con un disco que les reportó tres éxitos para la posteridad: las canciones “Sólo un sueño”, “Despertar sin ti” y “Chica caribeña”.

Ya hacia 1982, un trío inicial entre Céspedes, Jaime Fainberg y el bajista Jaime Congreve se hacía llamar Aterrizaje Forzoso, con sede en la Universidad Austral de Valdivia en la que estudiaban. Pero fue en 1985, un año antes de viajar a Santiago, que la formación cerró filas con Leiva y el hermano menor de Fainberg. En Santiago, el sonidista Alejandro Soto fue a la vez anfitrión y el hombre que hizo la primera grabación de prueba del grupo, a mediados de 1986. Ese demo permitió a Aterrizaje Forzoso difundir sus canciones en radios como Galaxia y ser fichados finalmente por el sello EMI, que publicó el disco durante el segundo semestre.

«Eran temas que habíamos hecho el ’81 ó el ’82, pero eran mucho más rockeros, más guitarreados, con ritmo más fuerte», recuerda Céspedes. Para 1986, en cambio, el grupo se había plegado al pop simple que estaba de moda, pero ellos habían escuchado rock sinfónico en los años previos. No seguían los patrones de la new wave, el tecno ni el punk en boga, y no sonaban como Los Prisioneros, Aparato Raro ni otros grupos santiaguinos más de punta.

«El 85 en Valdivia no teníamos acceso a esa música porque lo que suena en provincia es diferente a lo que suena en Santiago. Yo escuchaba Alan Parsons en ese tiempo, Genesis, Yes, Jethro Tull, King Crimson», enumera el bajista, «Una cosa que me gustaba es que éramos una banda bastante atípica con respecto a lo que había acá, a lo mejor por ser provincianos y no tener la misma influencia. Siempre nos llamaron mucho la atención los productores, porque nos vestíamos como paisanos, porque no nos “producíamos” más».

El guitarrista tenía bigote, prueba máxima de antimoda. Y el ingeniero Hernán Rojas, productor del disco, agrega una segunda impresión sobre el origen de provincia del grupo.

«Yo creo que eran más tímidos. Pero traían un sonido», dice Rojas. «Este sonido medio progresivo de Aterrizaje Forzoso era muy interesante. Tenían un teclado análogo que les daba una sonoridad muy abierta, a lo Genesis, y tenían dos tendencias, porque había dos cantantes».

Eran dos cantantes y compositores los propulsores del grupo: Jaime FainbergGermán Céspedes. «Era un complemento», recuerda el bajista. «Teníamos timbres diferentes, yo uno alto, cálido, Jaime una voz un poquito más grave, y los usamos como alternativa. Nos gustaban mucho algunas bandas que usaban eso, como Hall & Oates, por ejemplo. Todas las baladas las canto yo, porque Jaime no tenía una voz muy dulce para las baladas».

En “Hoy se acaba el tiempo” y “Hay algo que debes saber” canta Fainberg. En la más rockera “No quiero pensarlo” son voces compartidas. La voz de Céspedes se oye en “Entre tú y yo”, “Esta noche”, “En algún lugar”, “Recomenzando” (enviada al festival de la radio Concierto) y “Ya no puedo mentir” («Una balada que habla de Valdivia, del río Calle Calle, de las tardes, del amor»). Y el primer éxito de Aterrizaje Forzoso, “Sólo un sueño”, tiene voz y letra de Fainberg.

«Era una canción un poquito más fuerte, como un reclamo, era para la voz de Jaime. Es que él era de amores sufridos, difíciles. Siento como si hubiera un fuego ardiendo en mi interior, siento como si el mundo entero se concentrara en ti. Eso refleja su personalidad», explica Céspedes, quien firma y canta las dos siguientes canciones. Una es “Despertar sin ti”: compuesta en 1982 e inspirada en una novia de la enseñanza media, habla de cómo el amor se pierde por la distancia. Por la distancia entre Rancagua y Valdivia, específicamente. La otra es “Chica caribeña”: el tipo de chica que inspira a un hombre de provincia sureña.

«El tipo de niña que llama la atención es la morena. Yo estudié en Valdivia, y hay muchas niñas lindas pero son todas medias alemanas. Pero pasa una morena exuberante y todo el mundo la mira», explica Céspedes. Y las modulaciones musicales de esa canción son además la mejor muestra del sonido personal de Aterrizaje Forzoso. «Por el hecho de ser bastante apegados al rock sinfónico creo que dentro de las bandas nacionales lo más característico de Aterrizaje Forzoso fue la armonía. Los temas son simples. La diferencia es que sonaran bonito».

Septiembre de 2006.
David Ponce | www.musicapopular.cl

28
May
06

valija diplomática, happy pop rock

Valija Diplomática
Happy pop rock

(1986)

Por Jorge Leiva
(texto de carátula para reedición en CD)


E
n 1981 Alejandro Cappeletti era un adolescente cuando la banda argentina Seru Girán visitó su ciudad, el balneario uruguayo de Punta del Este. Cargando equipos, Cappeletti vio al tercer grupo de Charly García, un auténtico fenómeno de popularidad al otro lado de la cordillera, y definió para siempre sus gustos musicales. “Para mí Charly y David Lebón, como también Spinetta, eran los supermanes de la música, y en ellos pensé cuando me quise hacer guitarrista”, dice hoy día.

Con ese espíritu llegó a Chile tres años después, a estudiar sonido en el entonces Instituto Vicente Pérez Rosales. Sus gustos, sin embargo, no encontraron ningún eco. Para entonces, ni siquiera Los Prisioneros habían registrado La voz de los ’80, y todo lo que oliera a rock en español era una extravagancia.

«Yo quería hacer mis propias canciones de rock, pero acá me miraban como un marciano. Todos querían tocar temas de Rush».

Un compañero de curso, entonces, le dijo que le podía presentar a otros músicos que compartían esas “extrañas” inquietudes. Así conoció al bajista Andrés Escalona (el hermano del líder de Cinema, Álvaro Scaramelli), y al baterista Lito Zerené. Ambos le preguntaron si tenía temas propios y él les mintió. «Tengo varios», les dijo, sin haber escrito ni siquiera una canción.

Al poco tiempo, curiosamente en un concierto de Charly García en el Estadio Chile de mediados de 1985, se encontró de nuevo con ellos y acordaron un encuentro para la semana siguiente. En dos días, Cappeletti armó varios temas y se presentó con su guitarra en la sala de ensayo de Andrés. Así nació Valija Diplomática, y el primer acuerdo selló el estilo de la banda:

«Llegué con unos temas muy largos, y entonces, hicimos una lluvia de ideas», recuerda Cappeletti. «A partir de eso, acordamos hacer canciones radiales, de dos o tres minutos. Miramos al pop, la música de ese momento y por ese camino resolvimos seguir».

Aunque intentaron probar con un tecladista, las cosas no funcionaron. El propio Rodrigo Aboitiz, de Aparato Raro (y, posteriormente, La Ley) fue a algunos ensayos, pero la banda se completó con el guitarrista Memo Sanfurgo, en una alineación que regularizó su oficio musical como grupo estable de un pub de Las Condes durante 1985. Tras una gira por balnearios de la zona central al verano siguiente, y en el contexto de una promoción de una marca de jeans, establecieron contacto con el sello EMI para registrar su primer cassette.

Así grabaron Happy pop rock, una colección de canciones alegres, cargadas de pop y con un abierto aire trasandino, marcado sobre todo por el acento uruguayo de su vocalista. «Yo creo que sí, sonaban argentinos: la batería era muy GIT, y creo que hay un tema ahí de haber nacido en el Atlántico, donde la historia del rock es mucho más larga», dice hoy Hernán Rojas, productor musical de Valija Diplomática. El uruguayo Cappeletti, cantante de la banda, precisa sin embargo la influencia: «Yo ni siquiera conocía a Soda Stereo ni a GIT. Lo que pasaba es que con ellos teníamos las mismas raíces».

El primer sencillo del disco fue “Qué pasará”, que tuvo una discreta acogida radial. El segundo sí fue un fenómeno de popularidad. “Mi vida vale más” se editó como single en noviembre de 1986. La banda partió a Uruguay a participar del concierto “Montevideo Rock” y, a su regreso, la canción era un fenómeno, coronando rankings durante todo el verano de 1987, con regulares apariciones en televisión y una intensa agenda de presentaciones en vivo.

Por esos días, abandonaron la banda Escalona (autor de los temas “Historia de amor” y “Mírame y dime”) y Zerené , y el grupo alcanzó a editar dos nuevos discos antes de disolverse, en 1988. Con Cappeletti siempre como líder, Valija Diplomática tuvo nuevas épocas en 1992 y en el 2004, pero sin ninguna canción de la trascendencia de “Mi vida vale más”, emblema del “happy pop rock” (o el “rock pop feliz”) del cuarteto chileno. El mismo cantante explica ese nombre:

«Le pusimos así al disco porque eso era lo que hacíamos. En el estudio, Memo Sanfurgo siempre bromeaba con ese nombre, y las otras bandas se reían de nosotros por eso. Pero a nosotros nos gustaba el pop feliz. Por eso, cuando fuimos a ver la carátula, el nombre salió enseguida. Valija Diplomática era Happy pop rock».

Septiembre de 2006.
Jorge Leiva | www.musicapopular.cl

28
May
06

nadie, ausencia

Nadie
Ausencia

(1986)

Por Jorge Leiva
(texto de carátula para reedición en CD)


H
oy día, cuando la cantante de Nadie, Lucía Shía Arbulú, tiene una familia y dicta clases de danza en el barrio madrileño de Lavapiés, se entiende cuán aventurada y extraña fue la banda que ella encabezó veinte años antes, a diez mil kilómetros de ese lugar. Con apenas 18 años, Shía había llegado junto a su familia a Santiago de Chile en 1986, y tras armar un grupo musical con sus dos hermanos — Soledad (o Sole) y el mayor, Francisco (o Chachi)— terminó siendo protagonista del mediático y sonado pop que invadió estas tierras en la época, en una historia que apenas dos años después los llevó al principal escenario musical chileno.

Así de casual y de fugaz fue la historia de Nadie. La familia Arbulú se había instalado en la comuna de Las Condes por el trabajo del padre, ejecutivo de un banco con presencia en Chile. Sus tres hijos adolescentes contactaron dos amigos, el baterista José Domingo Cañas y el bajista Armando Figueroa, y formaron un grupo con los que hacían covers de bandas de la movida española (como Radio Futura, La Unión o Alaska). En el invierno de 1986, el grupo llegó a un concurso de bandas del programa “Éxito” de Canal 13, a instancias del auge del pop chileno de esos tiempos, y no obtuvo lugar alguno, pero se consiguió una invitación para un festival escolar en La Cisterna.

En ese lugar fueron contactados por Carlos Fonseca, manager de, entre otras bandas, Los Prisioneros. “Yo estaba ahí porque tocaba Aparato Raro, y cuando estaba en el camarín los escuché tocando ‘La moda mata’. Me llamó la atención su frescura, porque eran dos muchachas muy bonitas, y porque la banda le ponía harto color en el escenario”, recuerda Fonseca.

El propio Fonseca les pidió más temas con la posibilidad de grabar un disco. La banda, cuyo líder era el guitarrista Chachi, consolidó un repertorio y en menos de dos meses estaba registrando su disco debut, Ausencia, con una serie de temas poperos marcados por la vocalización alternada de los tres hermanos Arbulú. Los sencillos “Creo que te quiero” y “La moda mata” los pusieron en las parrillas radiales, en una difusión alimentada por lo singular que resultaba contar con dos cantantes mujeres (en un medio musical dominado por hombres), y quienes, para mayor novedad, eran españolas y atractivas.

En 1987 cumplieron con una intensa agenda de conciertos en vivo, junto a otras bandas del género e, incluso, con la compañía de la madre de los Arbulú cuando los viajes eran muy largos, pues Soledad era todavía menor de edad. El disco alcanzó disco de oro por las diez mil copias vendidas, y tuvo una segunda edición, a la que se agregaron los temas “Bailando” ( de los españoles Alaska y Dinarama) y “No me arrepiento”. Para entonces Shía estaba trabajando como cantante en un proyecto paralelo junto al guitarrista Andrés Bobe, que fue bautizado como La Ley.

El arrastre de Nadie los llevó al Festival de Viña del Mar al verano siguiente, en 1988, cuando la compañía ya pensaba en una edición regional para la banda, con planes promocionales en varios países de América Latina. Pero el padre Arbulú ya no estaba tan de acuerdo con los planes, y ese mismo año pidió un nuevo traslado a España, sellando así el fin de Nadie.

En la conferencia de prensa posterior al show de Viña hicieron, entonces, público su final, ante el desconcierto de la su compañía de discos. El eje de la banda regresó a España a los pocos meses, y Shía, aunque había grabado dos temas , debió dejar también a La Ley, que tuvo que buscarse otro vocalista, según una historia ya bastante conocida. Cañas se hizo director televisivo y Figueroa se integró a la banda de rock duro Los Morton. Ningún Arbulú siguió en la música. Hoy todos viven en España y nunca han regresado a Chile, país donde estuvieron apenas dos años, pero donde dejaron un disco y un nombre en el poblado pop de los ’80.

Septiembre de 2006
Jorge Leiva | www.musicapopular.cl

28
May
06

pie plano, ciudad moderna

Pie Plano
Ciudad moderna

(1986)

Por David Ponce
(texto de carátula para reedición en CD)

Pie Plano fue uno de los grupos más fugaces entre el pop chileno de la segunda mitad de los años ’80. El cuarteto se formó en 1986, y al año siguiente ya estaba disuelto. Firmaron con tal facilidad un contrato disquero con EMI, que en 1987 grabaron un disco sin haber tocado siquiera una vez en vivo. Adoptaron por nombre un pedestre atributo literalde su baterista: pie plano. Y, sin embargo, cuando ya moría el “rock latino” alcanzaron a dejar en la radio y en la memoria un par de títulos que parecían hablar en serio: “Vendedores de la nada” y, sobre todo, “Cantante pop”.

Ese baterista era Juan Ricardo Weiler, uno de los hombres más movedizos de la escena musical de esos años. Había formado la banda de jazz-rock Ojo de Horus (1983-1985), con futuros guitarristas de fuste, como Ángel Parra (hijo) y Emilio García; y Aparato Raro, pioneros tecnopop locales. Hacia la misma época había sido baterista en el grupo de un joven Pablo Herrera, quien para entonces descubría el pop para las radios, y en paralelo había vuelto a tocar jazz-rock en la última formación de Evolución, justo en el año en que esa banda sucumbió bajo el éxito de grupos en extremo opuestos, como Soda Stereo.

«En Evolución pensaron en tocar música más comercial, pero ése era mi grupo para tocar jazz-rock. Pie Plano era mi grupo para tocar pop», recuerda el baterista. Weiler había formado Pie Plano en 1986, una vez que había salido de Aparato Raro, y lo hizo con los mismos músicos con los que al año siguiente grabó el disco: Boris Sazunic (guitarra), también ex guitarrista del Aparato, Rodrigo Ibieta (teclados) y Jorge Herrera (bajo), hermano de Pablo Herrera. El grupo ensayó durante el verano siguiente y su único disco de larga duración, Ciudad moderna (1987), fue grabado entre marzo y abril de 1987. Algunas canciones, como “Más perdido que”, fueron terminadas en el estudio de grabación, y la letra de “Para qué” fue inventada por el baterista en el momento mismo de registrarla, sobre la marcha.

Porque Weiler no sólo era un baterista con pie plano, rasgo que de paso había tenido la utilidad de permitirle quitarse el servicio militar de encima: era, sobre todo, un baterista que cantaba. Ya lo había demostrado en Aparato Raro, donde para el éxito “Calibraciones” inmortalizó con su voz la recordada línea loroló-looo, loroló-looo. Y lo siguió demostrando en Pie Plano, donde fue el vocalista y baterista simultáneo.

«Me daba mucha lata cantar en la batería, no podía ser un frontman. Yo pensaba que podía hacerlo, pero no debe haber sido muy entretenido para la gente: ni me veían. Además que el resto de los músicos eran re fomes», conjetura. Sin embargo su voz sí se oyó en apariciones de Pie Plano en televisión, y también en la radio, gracias a una canción que emplazaba a un imaginario aspirante a estrella pop de la época para que por favor fuera con su canto a otra parte , criticando su afán por parecerse a los rockeros “transcordilleranos”, con el llamado “Tú, que quisiste ser cantante pop“.

«Hice esa canción con una amiga que conocí sólo un día, y que me pasó un poema que había hecho. “Mira, tengo una letra para tu grupo”, me dijo. La moda era Soda Stereo, que venían para acá y dejaban la escoba. Hasta podía ser una canción para mí mismo. Yo quería ser un Cerati chileno», bromea hoy Weiler. Lejos de eso, Pie Plano duró lo suficiente como para disolverse el mismo año tras editar varios singles de un segundo disco, grabado en conjunto con el dúo Top en 1987. Hoy Weiler es un ocupado ingeniero de sonido y productor musical. Ciudad moderna es el mayor recuerdo del grupo, junto a apariciones en programas de TV de la época como “Magnetoscopio musical” y “Sábados Gigantes”, donde el cuarteto paseó su tecnopop que hasta incluía uno de esos modernos teclados portátiles que hoy, veinte años más tarde, reciben el nombre de keytar: mezcla de teclado (keyboard) y guitarra (guitar).

«Rodrigo (Ibieta) tenía uno de esos teclados que se colgaban. Peineta musical », evoca Juan Ricardo Weiler, como quien trae de vuelta un recuerdo perdido. «No sé cómo se llamaban, pero en esa época, una vez que fuimos a “Sábados Gigantes”, Don Francisco lo llamó peineta musical».

Septiembre de 2006.
David Ponce | www.musicapopular.cl




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